Querer a mi hijo como es y no como quiero que sea, es todo un desafío. Aunque parezca algo evidente y que todos lo sabemos y lo hacemos es una cuestión bastante descuidada.
Ana: ¿Qué tal ha salido tu hijo en los examenes?
Maria: ¡Muy bien!
A: ¿Alguna suspendida?
M: Ninguna.
A: Pues tienes suerte! El mío igual de momento, qué sigan así, ya verás el próximo año que estarán en el último ciclo....ufff! que tienen que estudiar mas....el mío que es un vago ufff!!! me da mucho trabajo, con lo cual el curso que viene será peor!
M: Mujer, si te pones así al final se cumplirá.
A: Es que tú no conoces a mi hijo, cuando se pone terco no hay quien lo haga cambiar de idea.
M: ¿Estás segura que será así?
A: Segura, con decirte que el otro día estuvo toda una tarde con los ejercicios de matemáticas porque queria hacerlos a su manera y no se dejaba ayudar, hasta que por fin aceptó que le ayudara su padre, pero claro, me hizo perder toda la tarde.
M: ¿No será mas bien que tú querías que hiciera otra cosa?
A: Pues no, a mi me da igual lo que haga, lo que no quiero es que pierda su tiempo y se lo haga perder a los demas?
M: ¿Te hizo perder la tarde?
A: No, lo que pasa es que yo quería....
M: Ahí queria llegar, tu querías algo que él no estaba haciendo. Muchas veces pasa que no hacemos caso de lo que ellos quieren, nos enfocamos en lo que nosotros queremos y no vemos ni oimos mas allá de eso. Está fenomenal que quiera hacer las tareas a su modo, así prueba sus ideas, comete errores, se da cuenta como es en realidad la solución y la respuesta, eso tiene mas valor que hacerlo de prisa sin haber comprendido, además, tienes suerte, es un rebelde con causa!